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Gabriel Tobar García
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lunes 12 de enero de 2009

Gas Natural

Publicado en Última Hora Menorca el 14-1-09

Mientras debaten por el recurso suelo judíos contra musulmanes (si es que el ataque a un campo de concentración, guerra según el eufemismo de los medios, puede llamarse debate), mientras debaten si Yahvé me dio esta tierra, que si por Alá que no (y no veo otro argumento de cada lado más que un supuesto dios que, como bien reza la campaña de los autobuses, muy probablemente ni existe), en Europa volvemos a debatir, o a debatirnos casi, por otro recurso por el que nos vamos a tener que ir acostumbrando a pelear, cada vez más, y a tenerlo como noticia de sobremesa: el gas natural. Nosotros también tenemos nuestros dioses: el consumismo.

En el planeta usamos diversos materiales combustibles para proveernos de energía, principalmente petróleo, gas y carbón, por ese orden en cantidad consumida aunque los tres se consumen casi a partes iguales (entre 1/4 y 1/3 cada uno del total de energía usada).

Véase que hemos repartido el consumo en un líquido, un gas y un sólido, cada uno con sus ventajas y desventajas. Por ejemplo, el carbón, sólido, es fácil de almacenar: sólo hace falta apilarlo: cuando en España había aún mucha minería, era fácil ver en algunas poblaciones, verdaderas montañas de carbón almacenado. También es fácil de transportar: en barcazas o en vagones sin cubrir. Pero más fácil de transportar en según qué ocasiones es un líquido, pues puede transportarse por tuberías a largas distancias. Un líquido tampoco es muy difícil de almacenar, sólo hacen falta toneles.

El líquido que usamos mayormente es el petróleo. Hace más o menos un siglo, dejamos de usar masivamente sólo un sólido, el carbón, y añadimos a nuestro consumo el líquido petróleo. Lo hicimos por unos pocos motivos: por un lado el contenido de energía en un kilogramo de petróleo, es mayor que el del mismo peso en carbón; por otro lado, el carbón había que extraerlo bajando mucho personal a las peligrosas minas, lo que convertía en cara y tediosa la labor de la obtención, y en cambio el petróleo brotaba a chorro con fuerza al agujerear el suelo; además un líquido es más fácil de quemar que un sólido (trate de prender un poco de alcohol y un trozo de madera y compare).

Luego pasaron las décadas y no resultaron el carbón y el petróleo suficientes, así que comenzamos a usar también gases combustibles presentes en la naturaleza en grandes cantidades. Obtenemos gas natural de yacimientos subterráneos (como el petróleo, junto al que a veces se encuentra asociado gas, en pozos sólo de gas otras veces). Es curioso que durante décadas estuviéramos desperdiciando el gas que salía al extraer petróleo, quemándolo in situ en esas torres con una llama permanente en la cima que hemos visto en las imágenes de televisiones y documentales: da cuenta de cómo derrochamos siempre hasta que nos falta, no solemos ser muy previsores.

Un gas es la forma más dificultosa y cara de uso de un combustible. Para extraerlo y transportarlo sólo puede hacerse mediante tuberías, lo que no siempre es una ventaja, por ejemplo cuando hay que atravesar el mar. Para esos casos se han venido construyendo enormes buques con entre tres y cinco gigantescas bombonas de gas, buques de gas licuado, y estaciones licuadoras en el puerto de origen y regasificadoras en el de destino, conectadas ambas a las redes de tuberías de los respectivos lugares, todo ello aún muy escaso incluso en 2009: apenas unos pocos países disponen de esas tecnologías, muy caras por otro lado.

El hecho de que sólo pueda transportarse un gas o por tuberías o disponiendo de puertos especiales, hace que la distribución de gas sea muy poco flexible. Así como siendo zapateros podemos enviar un pedido de zapatos a cualquier parte del mundo, porque las cajas pueden enviarse por correo a cualquier comprador, el gas es más parecido al caso en que la horma de los zapatos que fabricases sólo sirviera para un cierto cliente y tú fueras el único que dispone de esa horma. Imaginemos las tensiones: él sólo puede comprarte los zapatos a ti, lo que tú aprovecharás para intentar sacarle todo lo posible en cada venta, a sabiendas de que no tiene a otro a quien acudir para calzarse. Él, por su parte, querría también aprovecharse de la situación, pues es el único cliente que tienes y sabe que para ti no es cuestión de perderlo, pero irá con la alerta de quien sabe también que cualquier día de éstos te compras otra horma y dejas de fabricarle zapatos para él, o sea, acabará tragando.

Y así estamos ahora en Europa con el gas ruso: a punto de quedarnos descalzos el día en que los chinos, por ejemplo, reclamen su derecho, vía plica, a calentarse los pies tanto como nosotros.

Además el gas es difícil de almacenar, pues cada kilogramo ocupa mucho espacio y sólo se suele disponer de lo almacenado a presión en los gaseoductos, no suele haber depósitos, así que si alguien corta el grifo, apenas hay para unos días hasta que no hay presión en las cañerías y se deja de disponer de gas, que es lo que ya está ocurriendo en grandes partes de Europa con el affair ruso de estos días.

En ésas descubrimos que aquellos países que habían cerrado centrales nucleares por obsoletas, quieren volver a abrirlas, lo que nos da otra idea del escapismo hacia adelante que solemos practicar.

3 comentarios:

Fonollosa dijo...

Felicidades por el post.
¿Podrías explicar a qué te refieres con lo del affair ruso ? ¿al corte de suministro de gas ? ¿sabes cuáles son las motivaciones de Rusia a tal respecto ?
Un saludo

Gabriel Tobar dijo...

Sí, claro, me refería al corte de suministro. Respecto al motivo, no veo otro que la búsqueda de mejores precios de venta, aun a costa de pérdidas de beneficios a corto plazo que supone la falta de ventas por el corte.

Saludos.

Gabriel Tobar dijo...

...algunas decenas de muertos en Rumanía y graves desabastecimientos en todo el Este de Europa ha sido el feliz saldo. Y hasta la próxima...