Leo en el blog de Els Verds de Menorca el artículo Energies renovables sí, pero no de qualsevol manera. Y yo, con mi postura habitual, convencido de que “no necesitamos más sistemas energéticos, necesitamos reducir primero el consumo”, porque al revés ya lo hemos venido intentando y vamos para atrás en cuanto a que cada año que pasa, por muchas energías “alternativas” que montemos, seguimos creciendo en el consumo de combustible fósiles.
Energías renovables sí, pero los molinos de 80 y hasta 120 metros de altura con palas de fibra de carbono y los generadores fotovoltaicos -todo con sus sistemas electrónicos, sus plásticos, sus pinturas y su hormigón- no son máquinas renovables. Renovables eran los molinos de hace siglos, alguno de los cuales está aún en pie.
Energías alternativas sí, pero alternativo es el camino B al camino A, si el camino A no me lleva a donde yo quería y el camino B sí. Pero en un contexto de producción límite de hidrocarburos como el actual, con perspectiva a decreciente, la eólica, la fotovoltaica, la solar termoeléctrica, etc., no suponen una alternativa a nada. ¿Acaso vuelan los aviones con electricidad? ¿Acaso es factible una red eléctrica que alimente todo el transporte rodado sin acudir a los combustibles fósiles? ¿Se pueden fabricar plásticos con energía eléctrica, o medicinas, o pinturas y demás? No, entonces no son alternativas a nada.
Energías limpias sí, pero la deforestación que impera en los parques eólicos, las toneladas de hormigón de las bases de los molinos, la práctica de viales nuevos para acceder a los parques… y en el caso de la fotovoltaica el ingente consumo de recursos que supone la fabricación de cada metro de oblea de silicio, su minería con el enorme consumo de agua y fósiles, la electrónica con sus exquisitos minerales preciosos, el transporte de una punta a la otra del planeta para el montaje de cada uno de los componentes, y vuelta viaje medio planeta para atrás hasta el punto de distribución… Nada de ello es limpio ni ecológico en absoluto. Todas son de las actividades más agresivas que llevamos a cabo hoy día (como la extracción de oro con cianuro que va a parar a los acuíferos).
¿Para qué queremos nuevos sistemas energéticos? Esa es la pregunta que debemos hacernos a día de hoy. Estamos a 2007. Y la situación a 2007 no es la situación a 1995, o a 1972.
¿Para qué queremos nuevos sistemas energéticos? ¿Para ahorrar dinero? ¿Para ser más independientes en materia de suministro energético? ¿Para ser más sostenibles? ¿Para sortear el día en que deje de haber petróleo para todos? ¿Por imagen cara al turismo? ¿Por las pelas de las subvenciones?
Repasémoslas.
¿Para ahorrar dinero?
Lo más barato es el petróleo (sin tener en cuenta la factura en concepto de contaminación ambiental que le podamos dejar a las generaciones futuras). Si tuviéramos que hacer volar los turistas que visitan Menorca desde Gran Bretaña con aviones eléctricos provenientes de energía eólica íbamos a saber bien lo que vale un peine, de lo de punta que se nos iba a quedar el pelo. Y es que un reactor de tamaño medio, con unos 120 pasajeros, consume unos 3.000 litros de refinado de petróleo por hora. Siendo que un litro de petróleo contiene unos 11kWh, para entregar la electricidad equivalente a los 12.000 litros de combustible que harían falta para traer uno de esos aviones desde Gran Bretaña a Menorca y vuelta, necesitaríamos 132MWh. Para obtener esa cantidad de electricidad por medio de molinos de viento necesitaríamos (obviando la revolución tecnológica que debería mediar, ahora estamos calculando nuestro coste directo), un molino de 1MW trabajando todo el año para ese único vuelo de 120 pasajeros. Baleares tiene 950.000 plazas hoteleras que hay que llenar cada una de ellas varias veces durante la temporada. Me salen unas decenas de miles de molinos ¡solamente para los aviones! Ahora falta todo lo demás que nos rodea. Otras decenas de miles de molinos. ¿75.000 quijotescos gigantes de 2MW en Baleares? ¿150GW instalados solamente en Baleares cuando en toda España pasa poco de 10GW? Además necesitaríamos respaldo en centrales de generación ordinaria, claro. Definitivamente, el petróleo es más barato.
¿Por las pelas de las subvenciones?
Algunos pensarán en ello lo primero, pero entre nosotros, creo que no es el caso de ni del que redacta ni del que lee.
¿Por imagen cara al turismo?
Sí, a algunos turistas les gusta eso. Uno va a Islandia y puede llegar a maravillarse de la que tienen liada con la geotermia, dicen. Energoturismo, tendremos que llamarle. Seguro que también hay gente pensando inmediatamente en estas cosas, pero otra vez, no es el caso en estas reflexiones.
¿Para sortear el día en que deje de haber petróleo para todos?
Eso está al caer. Pero quien dice al caer quiere decir a la vuelta de la esquina. Es decir, ya. No en poco tiempo, o cuando seamos más viejos, no. Probablemente ya hayamos pasado el cénit del petróleo. Quizás no, pero no lo sabremos hasta que pasen unos años y miremos atrás y nos digamos ¡vaya, ya nunca se volvió a vender tanto petróleo como entonces! Será cuando sabremos a ciencia cierta que nunca más podremos aumentar su consumo y que a partir de entonces tendremos que disminuir drásticamente su uso. ¿Seremos capaces de capear eso con las nuevas energías? Ni de lejos. La planta de Biodiesel de Llucmajor, una de las más grandes de Europa, podría llegar a producir (si consigue importar suficiente materia prima) 32 millones de litros anuales. Eso da para 7 aviones que hagan dos trayectos diarios a GB durante medio año y ningún avión más para todas las Baleares, lo que nos permitiría llenar 17.000 camas del casi millón que tenemos siempre que montáramos un servicio de transfers aeropuerto-hotel con carros y caballos. Podríamos poner mil ejemplos más de cómo no llegamos, ni en sueños, a capear el temporal montando las nuevas energías: con toda la producción anual de aceite de España tenemos para 7 días al año para poder sustituir el petróleo; con toda la producción de oleaginosas, para unos pocos días más; si juntamos toda la producción agrícola para unas pocas semanas; y luego ya da igual porque nos hemos muerto de inanición.
¿Para ser más independientes en materia de suministro energético?
Por el lado de producir lo que consumimos ¿No querremos back-up con la península? Eso nos evita montar tanta historia. Por el lado del suministro de la materia prima ¿Acaso tenemos fábricas de molinos en Menorca? ¿Acaso se fabrican en España la mayoría de los componentes de los nuevos sistemas energéticos? ¿Acaso se extraen en Menorca los materiales necesarios para su fabricación, mantenimiento y reciclaje al final de su vida útil? ¿Acaso los ingenieros e ingenios que tienen que instalar, mantener y reciclar al final de su vida útil viven en Menorca? ¿Tenemos cereales para fabricar etanol, o agua como para poder plantar masivamente soja? Y quizás por el lado más importante: ¿Seríamos capaces de funcionar sin los viejos sistemas energéticos y apoyarnos solamente en los nuevos? Respecto a esta última pregunta, la Historia reciente demuestra que no, que cuando alcanzamos una tecnología energética diferente no sustituimos las anteriores, las añadimos al bote, en parte porque unas dependen de las otras: no hay sistemas fotovoltaicos sin petróleo para fabricarlas, no hay petróleo sin acero, no hay acero sin carbón, etc. Y nuestro ingente consumo actual de combustibles fósiles producto de nuestro nivel de producción creciente también lleva a este efecto, por el que se añade la nueva energía a las anteriores, nunca se sustituye. De ahí la pregunta definitiva:
¿Para ser más sostenibles?
La sostenibilidad no depende de la tecnología usada para proveer de energía, sino de la cantidad de energía usada. Por ende depende de dos factores: cantidad de población y consumo per cápita. Más de uno, menos de otro. Eso es sostenibilidad. Ver Leyes sobre Sostenibilidad de Albert Allen Bartlett. Ambos, cantidad de población y consumo per cápita, son reajustables. La tasa de natalidad es una cuestión cultural sobre todo. Algunas culturas tienden a tener más hijos que otras. En cambio el consumo no depende de la cultura: todas las culturas tienden a consumir todo lo que se les pone por delante, y cuanto más mejor, salvo contadas excepciones de sociedades tribales con costumbres ancestrales que son precisamente las que les han permitido pervivir. Pero el consumo es racionable cuando no hay para todos, así que al final también se puede reajustar. En el equilibrio está la sostenibilidad. Y puesto que mientras Occidente sea mucho más rico que el Tercer Mundo la población en Occidente va a seguir aumentando por la desesperada inmigración de los más pobres, solo queda ir reduciendo nuestro consumo hasta equilibrarnos. Ni 0,7% ni ostias. Por imperativo natural. Ya nos volvamos calvos de rascarnos la sesera pensando en poner todas las energías alternativas, limpias y renovables que alcancemos a imaginar.
Vienen tiempos malos, porque el ahorrar dinero, el acaparar subvenciones, nuestros deseos de independencia energética y de podernos colgar la etiqueta de turismo ecológico sin dejar de abogar por la falacia del crecimiento sostenible, no van a aportar nada a la sostenibilidad real de nuestro futuro.
Resistir el embate de los sucesivos declives de los combustibles fósiles solo será posible si reducimos el consumo. Y pensar tanto en el desarrollo e implantación masiva de nuevas energías no hace más que obnubilarnos la vista, como en el dicho aquel, que señalaba el sabio la Luna y miraba el necio la punta de su dedo.
Respuesta del Sr. Camps
Antoni Camps | 22/04/2007, 19:52
En primer lugar, agradecer su escrito y su comentario. Es un orgullo tenerle de lector de mis escritos y, por tanto, no puedo por menos que acceder a contestarle algunas cuestiones que en su comentario nos ha suscitado. En primer lugar, he de decirle que el tema medio ambiental es un tema de enorme importancia y calado, y, por tanto, tiene que ser tratado con cuidado y atención. Además, siendo Menorca una isla de pequeñas dimensiones es obvio ser consciente de sus limitaciones y, por tanto, no deberíamos agotar sus recursos de forma irracional. El desdoblamiento de la carretera general es algo obvio, que tarde o temprano, va a tener que hacerse. Y no sólo por los turistas, sino también para los propios menorquines que también merecemos una carretera cómoda y segura.
Por otra parte, no podemos extraer del Evangelio que podemos libremente abusar de la tierra y del territorio. Esto sería un error. Cierto es que en las Sagradas Escrituras se faculta al hombre a usar de la creación, pero ello no puede significar su destrucción y su abuso. No sería cristiano el destruir, por egoismo un territorio, sin pensar en el bienestar de las generaciones futuras. Como tampoco es cristiano el enriquecimiento desorbitado sin que ello revierta en la mejora de la sociedad y de los países pobres. Por tanto, y volviendo a Menorca, lo que defendemos muchos es que Menorca siga siendo una isla de gran belleza, donde se conjugue el respeto al medio ambiente con el progreso y la modernidad. Algunos, en aras a un falso ecologismo, nos querrían ver viviendo en las cuevas o convertir Menorca en un espacio donde el hombre y su actividad no tuvieran cabida. Yo quiero vivir en Menorca y quiero vivir en ella muchos años. También quiero que puedan vivir mis hijos (en este momento tengo una hija). En este sentido, cabe decir que Menorca ha centrado su actividad en el sector turístico y esto hoy es ya irreversible. Y, gracias a Dios que ha podido volcarse en este sector, pues de lo contrario, muchos nos hubiéramos tenido que ir a vivir a otros lugares.
Es cierto, también, que muchos jóvenes se dejan arrastrar por unos idealismos de corte ecologista, del catalanismo intransigente, etc. Son modas pasajeras que se resuelven con la edad. Sin embargo, también he de decir que en mi experiencia, saliendo a la calle a buscar firmas, etc. me he encontrado a muchos jóvenes que están a favor del desdoblamiento, a favor del progreso y entienden que Menorca se debe adaptar a la modernidad.
En cuanto a la parábola de los talentos, creo que se confunde con la interpretación que realiza. Es evidente que todos tenemos unos talentos, unos dones, unas características que nos hacen más aptos para realizar determinadas cuestiones. Lo que la parábola de los talentos quiere indicar es que estamos obligados a desarrollar al máximo todos nuestros talentos. No para ganar dinero. No para ser ricos. Sino para hacer el bien a los demás. La riqueza por la riqueza, convierte al rico en un desgraciado. La riqueza debe reverir en la sociedad, para hacerla más justa y habitable.