La asíntota turística
Publicado en esdiari.com el 24-10-2007 y en Última Hora Menorca en versión revisada y reducida el 7-10-2008
Primera edición 24-7-2007
Revisado el 5-10-2008
El turismo en Menorca ha pasado por unas ciertas fases: nació, en cierto momento tomó masa crítica y tuvo su auge imparable pero acabó ralentizando su crecimiento para aparentemente acabar estancándose. Una ejemplar asíntota que sería de aplicación a casi cualquier zona turística a la que nos refiriéramos, ya fuera Baleares, Canarias o España entera.
En la prensa algunos alzan su voz. Que si faltan inversiones, que si falta estrategia, que si falta visión, que si el márketing, que si no se qué. Siempre falta algo. Campos de golf, mejores carreteras, más grandes instalaciones portuarias y aeroportuarias, mejores urbanizaciones, mejores servicios, más trabajadores especializados, más calidad, más cantidad…
Porque se supone que faltan carreteras para desatascar las actuales, de la cantidad de turistas que hay, la de mercancías que hay que mover para abastecerlos y la de servicios que hay que ofrecer. Pero a la vez faltan turistas. ¿Cómo puede ser?
Clic aquí para seguir leyendo...¿Por qué unas estadísticas nos alarman diciendo que el turismo baja, pero al día siguiente otro titular nos reconforta diciendo que han subido las entradas y los vuelos, o los precios y las pernoctaciones? Según INESTUR en 2006 hubo un 1,1% menos de entradas de turistas británicos y un 1,7% menos de alemanes. En total un 2,2% más de llegadas de turistas gracias a los turistas nacionales. Este año 2008, nos informan últimamente, unas procedencias bajan, otras suben, en total hay un leve crecimiento de entradas. ¿Se puede concluir entonces que el turismo crece en Menorca? Bueno, dependiendo de qué entendamos por crecer. De ahí las protestas de los que dicen que el turismo no va bien, pues tienen en parte razón.
Ocurre que las entradas son las llegadas, pero no nos dicen cuánto tiempo se han quedado los turistas que han entrado. Si aumentan al doble las entradas pero se reduce a la mitad la media de días de estancia, las pernoctaciones son las mismas. ¿Para la economía menorquina resultará igual de saludable? No. Cuantas más veces tengamos que transportar a un turista para conseguir la misma cantidad de días de estancia, más infraestructuras y consumo de energía, tiempo y recursos requeriremos. Para poder «crecer» —aumentar los beneficios— deben aumentar las pernoctaciones (imaginemos una tasa x2) sin decrecer la media de pernoctaciones por cada entrada de turista.
Y para aumentar los beneficios en caso de caída de la media de tiempo de estancia por llegada, se deberían aumentar las pernoctaciones totales en doble medida (siguiendo el ejemplo anterior, tendríamos una tasa x4) ¿Y el sector turístico ganaría más dinero si lograra aumentar las pernoctaciones totales en doble medida? No, tampoco, por varios motivos.
Por un lado debemos modernizarnos continuamente, ofrecer cada año mayor calidad que el anterior, por la competición en la que participamos contra otros destinos turísticos y que no deseamos perder. Ello no reporta ningún beneficio, simplemente se hace para mantenerse en el mercado. Pero esas inversiones tienen que recuperarse y solamente puede acudirse a dos métodos: lógicamente, o se suben precios, o con los mismos precios se aumentan las ventas. Ya estábamos tratando de aumentar doblemente las pernoctaciones totales (x4) para hacer frente a la caída de la estancia media que nos obligaba a aumentar las infraestructuras y medios de transporte, y ahora tenemos que aumentar aún más esas pernoctaciones si deseamos ganar algún dinero sin tocar los precios (x8). Recordemos que no podemos aumentar los precios para ser igual de atractivos.
No solamente eso, sino que siempre hay mercados receptores emergentes con nuevos precios relativamente más bajos. Es posible que debamos recortar precios incluso, para seguir accediendo a los mercados emisores. Si recortamos precios (aun subiéndolos por debajo de la inflación) el aumento de pernoctaciones con el que pretendíamos rentabilizar las inversiones en calidad —que habíamos añadido al doblemente aumentado dato de pernoctaciones deseado, que a su vez solventaría la inversión en mayores infraestructuras— debería ser nuevamente doble (x16). Pero nosotros no podemos recortar precios. Tenemos inflación como todo hijo de vecino. Necesitamos subir los precios, no bajarlos
Si aumentamos los precios, necesitamos invertir doblemente en calidad (x32), so pena de que los turistas dejen de decidirse por nuestro destino. Más inversiones en calidad para un turismo que permanece cada vez menos días en la isla para lo que necesitamos cada vez más inversiones y multiplicar siempre más el número de pernoctaciones para poder satisfacer unos beneficios que no crecen correspondientemente, pero que obligan a cada vez más infraestructuras, que a su vez nos obligan a mantener un ritmo creciente ad perpetum. Una tarea imposible, por la finitud de nuestro entorno.
De hecho, gran parte de la calidad que ofrece Menorca depende de la salud de sus paisajes, pero como aumentar calidad a base de aumentar infraestructuras va en detrimento de los valores paisajísticos de nuestro pequeño y finito entorno, la calidad de las infraestructuras tiene que aumentar doblemente (x64) para satisfacer la pérdida de calidad en paisaje. Encima, cuanto mejor lo hacemos, más ricos nos volvemos, más inflación tenemos, más nivel de vida, por lo que nuestros servicios se vuelven más caros y tenemos que aumentar la calidad para mantener la demanda (x128).
Menorca es, respecto al turismo, una banda de Moebius, un gran pez mordiéndose su propia cola: cuanto más tardemos en darnos cuenta, menos esqueleto quedará.
En economía se estudia la Ley de Rendimientos Decrecientes. Si el propietario de un restaurante añade trabajadores a la cocina, la producción aumentará, pero menos por cada uno que añada. Si una cadena de producción integra 1 trabajador cuando tiene 3, el beneficio marginal extra del cuarto trabajador es mayor que al añadir un decimoséptimo empleado. Al final el renidmiento puede llegar incluso a disminuir, no ya en términos relativos sino absolutos: el decimoséptimo trabajador rinde menos que cuando eran 3 y entró un cuarto (rendimiento por cada trabajador añadido), pero además 17 trabajadores rinden menos en total que 16 porque en la misma cocina del restaurante llegan a estorbarse (rendimiento absoluto). Eso se da siempre, en cualquier actividad cotidiana, ceteris paribus, es decir si no se cambian más variables. Para que eso no se de, debemos cambiar otras variables, que es a lo que nos vemos obligados constantemente en Menorca: tenemos que aumentar las infraestructuras una y otra vez por los siglos de los siglos.
Pero el aumento de infraestructuras tiene su límite también, porque la misma Ley de Rendimientos Marginales no Proporcionales (otro nombre para lo mismo) nos advierte de que, dado que Menorca tiene una extensión limitada y unos recursos turísticos (playas, montes, vistas, cascos urbanos antiguos, yacimientos, etc.) también limitados, estamos condenados a sufrir esa misma pérdida de rendimiento en la añadidura constante de infraestructuras. Cada ladrillo y cada metro de asfalto rinden menos que el anterior, ofrecen menos márgen de beneficio y así hasta llegar a la cima de la asíntota turística en la que estamos instalados. Si no sabemos parar, deberemos asumir las consecuencias posteriores.
Primera edición 24-7-2007
Revisado el 5-10-2008
El turismo en Menorca ha pasado por unas ciertas fases: nació, en cierto momento tomó masa crítica y tuvo su auge imparable pero acabó ralentizando su crecimiento para aparentemente acabar estancándose. Una ejemplar asíntota que sería de aplicación a casi cualquier zona turística a la que nos refiriéramos, ya fuera Baleares, Canarias o España entera.En la prensa algunos alzan su voz. Que si faltan inversiones, que si falta estrategia, que si falta visión, que si el márketing, que si no se qué. Siempre falta algo. Campos de golf, mejores carreteras, más grandes instalaciones portuarias y aeroportuarias, mejores urbanizaciones, mejores servicios, más trabajadores especializados, más calidad, más cantidad…
Porque se supone que faltan carreteras para desatascar las actuales, de la cantidad de turistas que hay, la de mercancías que hay que mover para abastecerlos y la de servicios que hay que ofrecer. Pero a la vez faltan turistas. ¿Cómo puede ser?
Clic aquí para seguir leyendo...¿Por qué unas estadísticas nos alarman diciendo que el turismo baja, pero al día siguiente otro titular nos reconforta diciendo que han subido las entradas y los vuelos, o los precios y las pernoctaciones? Según INESTUR en 2006 hubo un 1,1% menos de entradas de turistas británicos y un 1,7% menos de alemanes. En total un 2,2% más de llegadas de turistas gracias a los turistas nacionales. Este año 2008, nos informan últimamente, unas procedencias bajan, otras suben, en total hay un leve crecimiento de entradas. ¿Se puede concluir entonces que el turismo crece en Menorca? Bueno, dependiendo de qué entendamos por crecer. De ahí las protestas de los que dicen que el turismo no va bien, pues tienen en parte razón.
Ocurre que las entradas son las llegadas, pero no nos dicen cuánto tiempo se han quedado los turistas que han entrado. Si aumentan al doble las entradas pero se reduce a la mitad la media de días de estancia, las pernoctaciones son las mismas. ¿Para la economía menorquina resultará igual de saludable? No. Cuantas más veces tengamos que transportar a un turista para conseguir la misma cantidad de días de estancia, más infraestructuras y consumo de energía, tiempo y recursos requeriremos. Para poder «crecer» —aumentar los beneficios— deben aumentar las pernoctaciones (imaginemos una tasa x2) sin decrecer la media de pernoctaciones por cada entrada de turista.
Y para aumentar los beneficios en caso de caída de la media de tiempo de estancia por llegada, se deberían aumentar las pernoctaciones totales en doble medida (siguiendo el ejemplo anterior, tendríamos una tasa x4) ¿Y el sector turístico ganaría más dinero si lograra aumentar las pernoctaciones totales en doble medida? No, tampoco, por varios motivos.
Por un lado debemos modernizarnos continuamente, ofrecer cada año mayor calidad que el anterior, por la competición en la que participamos contra otros destinos turísticos y que no deseamos perder. Ello no reporta ningún beneficio, simplemente se hace para mantenerse en el mercado. Pero esas inversiones tienen que recuperarse y solamente puede acudirse a dos métodos: lógicamente, o se suben precios, o con los mismos precios se aumentan las ventas. Ya estábamos tratando de aumentar doblemente las pernoctaciones totales (x4) para hacer frente a la caída de la estancia media que nos obligaba a aumentar las infraestructuras y medios de transporte, y ahora tenemos que aumentar aún más esas pernoctaciones si deseamos ganar algún dinero sin tocar los precios (x8). Recordemos que no podemos aumentar los precios para ser igual de atractivos.
No solamente eso, sino que siempre hay mercados receptores emergentes con nuevos precios relativamente más bajos. Es posible que debamos recortar precios incluso, para seguir accediendo a los mercados emisores. Si recortamos precios (aun subiéndolos por debajo de la inflación) el aumento de pernoctaciones con el que pretendíamos rentabilizar las inversiones en calidad —que habíamos añadido al doblemente aumentado dato de pernoctaciones deseado, que a su vez solventaría la inversión en mayores infraestructuras— debería ser nuevamente doble (x16). Pero nosotros no podemos recortar precios. Tenemos inflación como todo hijo de vecino. Necesitamos subir los precios, no bajarlos
Si aumentamos los precios, necesitamos invertir doblemente en calidad (x32), so pena de que los turistas dejen de decidirse por nuestro destino. Más inversiones en calidad para un turismo que permanece cada vez menos días en la isla para lo que necesitamos cada vez más inversiones y multiplicar siempre más el número de pernoctaciones para poder satisfacer unos beneficios que no crecen correspondientemente, pero que obligan a cada vez más infraestructuras, que a su vez nos obligan a mantener un ritmo creciente ad perpetum. Una tarea imposible, por la finitud de nuestro entorno.
De hecho, gran parte de la calidad que ofrece Menorca depende de la salud de sus paisajes, pero como aumentar calidad a base de aumentar infraestructuras va en detrimento de los valores paisajísticos de nuestro pequeño y finito entorno, la calidad de las infraestructuras tiene que aumentar doblemente (x64) para satisfacer la pérdida de calidad en paisaje. Encima, cuanto mejor lo hacemos, más ricos nos volvemos, más inflación tenemos, más nivel de vida, por lo que nuestros servicios se vuelven más caros y tenemos que aumentar la calidad para mantener la demanda (x128).
Menorca es, respecto al turismo, una banda de Moebius, un gran pez mordiéndose su propia cola: cuanto más tardemos en darnos cuenta, menos esqueleto quedará.
En economía se estudia la Ley de Rendimientos Decrecientes. Si el propietario de un restaurante añade trabajadores a la cocina, la producción aumentará, pero menos por cada uno que añada. Si una cadena de producción integra 1 trabajador cuando tiene 3, el beneficio marginal extra del cuarto trabajador es mayor que al añadir un decimoséptimo empleado. Al final el renidmiento puede llegar incluso a disminuir, no ya en términos relativos sino absolutos: el decimoséptimo trabajador rinde menos que cuando eran 3 y entró un cuarto (rendimiento por cada trabajador añadido), pero además 17 trabajadores rinden menos en total que 16 porque en la misma cocina del restaurante llegan a estorbarse (rendimiento absoluto). Eso se da siempre, en cualquier actividad cotidiana, ceteris paribus, es decir si no se cambian más variables. Para que eso no se de, debemos cambiar otras variables, que es a lo que nos vemos obligados constantemente en Menorca: tenemos que aumentar las infraestructuras una y otra vez por los siglos de los siglos.
Pero el aumento de infraestructuras tiene su límite también, porque la misma Ley de Rendimientos Marginales no Proporcionales (otro nombre para lo mismo) nos advierte de que, dado que Menorca tiene una extensión limitada y unos recursos turísticos (playas, montes, vistas, cascos urbanos antiguos, yacimientos, etc.) también limitados, estamos condenados a sufrir esa misma pérdida de rendimiento en la añadidura constante de infraestructuras. Cada ladrillo y cada metro de asfalto rinden menos que el anterior, ofrecen menos márgen de beneficio y así hasta llegar a la cima de la asíntota turística en la que estamos instalados. Si no sabemos parar, deberemos asumir las consecuencias posteriores.


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