Viñeta del día de mañana
Más viñetas aquí

¿Le cuento el problema
en 52 minutos?


____________

Web de garabatos de:
Gabriel Tobar García
contactar por mail

miércoles 11 de enero de 2012

Yo quiero votar hoy, pero hoy no se puede


Fecha original 30-5-2007, revisado a 11-1-2012
(incluidas declaraciones de Jesús Ros)




Hoy toca votar. ¡Ah no! ¡Eso fue hace ya días! Bueno, pero es que a mí me apetece decir algo respecto al problema de hoy. Ya, ya, no puedo, eso debería haberlo hecho el día de las elecciones. ¡Pero yo no sabía que se tendría que elegir hoy sobre esto! Que sí, que lo sé, que la elección aquel día es para que hoy elijan por ti. Pero ellos tampoco sabían del problema que habría que resolver hoy, ni cuáles serían las opciones para su resolución, de manera que yo no podía elegir aquel día quién quería que me resolviera, y cómo, un problema que aún no existía y al que nadie preveía que tuviéramos que atender. Yo quiero votar hoy. Pero justito hoy no se puede.

Tendría que haber votado el día de las elecciones si quería decidir sobre lo de hoy. Quizás sí había alguno, entre la docena de partidos, bien del Ayuntamiento, bien del Gobierno Autonómico, que hubiese previsto este problema. Debería haberme leído todos los documentos de todos los partidos. No me refiero a los panfletos, ni a los resúmenes de programas, sino todo. Porque claro, imagino que un partido que tiene que comandar una Comunidad Autónoma durante años tendrá muchos planes. Ya no hablemos de un Gobierno Nacional, de un partido que quiere gobernar unas decenas de millones de personas durante 1.500 días, cada día con sus problemillas particulares.

Véase que los presupuestos que se aprueban cada año en las Cortes ocupan miles de folios (recuérdese la tradicional estampa de la furgoneta cargada de papeles llegando al Congreso, hoy sustituida por un CD o un pendrive). En teoría, se supone que cada partido, cada año, estando en el poder, entregaría un proyecto de presupuestos diferente. Es oportuno recordar que en los presupuestos están las verdaderas políticas: cuánto se dedica a qué, dónde, cómo y durante cuánto tiempo. ¡Esos son los verdaderos programas políticos! Un programa político no son las promesas genéricas del panfleto del buzón: “por un futuro mejor”, “por una mejor ciudad”, “por el futuro que nos merecemos”, “por unos servicios como nos corresponde”. Eso y nada es lo mismo. ¿Alguien propondría nunca lo contrario? No, entonces es completamente absurdo clamar por todo ello.

Entonces, si quisiera haber ido a votar con conocimiento de causa, a sabiendas de que sé qué estoy votando, teniendo claro que mi decisión es fundamentada, que elijo lo que creo que realmente será beneficioso para mi entorno y los próximos cuatro años, ¿no debería leer con detenimiento cada una de las 4 furgonetas de cada uno de la docena de partidos, llenas de proyectos de presupuestos que determinarán las políticas que llevarán a cabo cada uno? Multipliquemos eso varias veces, pues hay que atender a las elecciones municipales, a las territoriales, Senado, Parlamento, algún que otro referéndum para aprobar proyectos a largo plazo… ¿Hay materialmente tiempo suficiente para que alguien se los lea cada cuatro años, ya no yo, sino ellos mismos?

No, no lo hay. Jesús Ros, del PSOE de Valencia, me reconoció recientemente (antes de las elecciones municipales de 2011) que ni siquiera existían programas amplios a nivel municipal ni autonómico antes de unas elecciones, y que a nivel nacional... ¡ni lo sabía! Que eso era así porque en realidad los partidos no tienen ni idea de lo que se podrá o no hacer una vez les hayan votado. Costó sacárselo pero lo reconocio, y estamos hablando de un diputado autonómico. Me dijo que en realidad todo se reducía a pura confianza en gestores. Al preguntarle que bajo qué parámetros podía yo elegir si confiar más en él que en otro, ya que no conocía personalmente a ninguno de ninguna manera que no fuera meramente superficial, no supo ni contestar.

Entonces ¡qué se supone que tengo que ir a elegir! ¿A quien más haya dado la tabarra con el megáfono a base de paseitos de coche, arriba y debajo de mi calle? ¿A quién más carteles haya conseguido colgar en espacios públicos y más se haya hecho notar en las calles, ya de por sí saturadas de carteles y rótulos comerciales? ¿A quien más simpático me caiga? ¿A quien he votado siempre, pues no pienso cambiar de opinión en la vida porque eso prueba mi capacidad, nula será, de raciocinio? ¿Al nombre que más me suene cuando tenga la papeleta delante? ¿A los rojos? ¿O a los fachas?

¡Qué rojos ni que fachas! "Todos los mismo perros con diferentes collares", decía un anciano conocido mío, que sobrevivió a casi un siglo de variados regímenes entre 1889 y 1981. Y sigue sin haber opciones realmente diferentes. Todos proponen prácticamente lo mismo: Quito unos soldados de Irak y los pongo en Afganistán; sigo mandando naranjas a los americanos a cambio de fabricar sus coches; compro más gas a Argelia. Impulso las energías mal supuestas alternativas con el método de subvención A en lugar del B pero siempre favoreciendo a las grandes empresas; apoyo cuantas más viviendas de protección mejor porque eso me permite aumentar también la cantidad a construir en el libre mercado; aumento el polígono industrial un poquito por aquí en lugar de un poquito por allá; la zona de urbanizaciones la redistribuyo por arriba en lugar de por abajo; la carretera la amplío por el margen derecho, no por el izquierdo; el puerto lo ensancho dragando sosteniblemente, no escarbando ostensiblemente; quito una hora de religión, no, la añado, pero paso de cambiar el hecho de que nos gastemos 13 veces en móviles lo que en educación; paso de hacer que la publicidad esté realmente prohibida en los medio de comunicación públicos; paso de dejar de favorecer de mil maneras el transporte privado; pienso seguir promoviendo las loterías que llevan consigo la desilusión de todos los días a tantos y tantos hogares, no sea que nos demos cuenta todos de que trabajando nadie se hace rico y de que la única manera es sisar constatemente de cuanto se pone en el camino en nuestra vida cotidiana; pienso seguir promoviendo leyes electorales que hastíen a la gente y hagan que el partido más votado sea el abstencionista; no pienso proponer en la vida la democracia directa ni a nivel de ayuntamientos. Esas son las posibilidades que hay para elegir.

¿Tu opción es no más guerras, ni más coches, ni más monocultivos, ni más viviendas, ni un solo sistema energético nuevo instalado si no es parar sustituir uno viejo, ni más polígonos, ni más urbanizaciones, ni más carreteras, ni más transporte privado para tomar café a 60 kilómetros de casa, ni más instalaciones aeroportuarias, ni más juegos con dinero, lo que quieres es más educación básica y menos producción de politonos, nuevas leyes electorales, más participación y menos representatividad? Pues entonces es que no tienes opción. ¿Votar en blanco? Eso significa que no hay un partido que satisfaga tus inquietudes, pero que podría haberlo en otra ocasión. ¿No votar? Eso significa que te consta que con este sistema jamás puede llegar a haber un partido que las satisfaga. Desde que te consta tal cosa no tienes más opción que esa, no votar.

Y así yo, lo siento en el alma, seguiré trabajando de abajo arriba en las políticas del día a día pero como Marx, Groucho digo, no voy a poder adscribirme a ningún partido que me acepte como partícipe, mientras no pueda decidir sobre los problemas así como vayan ocurriendo y siga todo reduciéndose a masturbarme mentalmente cada cuatro años con una despampanante pancarta electoral rellena únicamente de silicona PIP.

1 comentarios:

Rake dijo...

Ok, Gabi. Totalment d'acord. Tantdebó tota l'abstenció al PV tinguera tan clars els perquès com tu.
El cas és que aquest País estarà 4 anys més tragant merda.

Ié, vos espere a la festa del dia 16 !!

Besos